Alicante no destaca por ser una ciudad bonita. Es como un plato de comida delicioso, tú te pones frente a todos los ingredientes (no te falta de nada) pero resulta que no eres Arguiñano. Lo mismo le sucede al responsable de infraestructuras de nuestra bendita ciudad.
Es por ello que hay que huir. Se trata de salirse un poco del "plato" y sin necesidad de condimentos como: dinero, sofisticación, etc puedes pasar un inovlidable día tan "sólo" saboreando el paisaje de la Serra Gelada. El cielo azul y la playa que nos recibió fue un buen augurio.
Niños rubios, hombres y mujeres que no dominaban la lengua de Cervantes reían, parloteaban y tomaban el sol. Nosotros simplemente miramos la playa, limpia, de un azul tan brillante y transparente que parecíamos estar en una isla idílica, pero ¿acaso aquello no lo era?
Nos pasamos la vida buscando la felicidad y la tenemos delante todo el tiempo. Es tan sencillo lo que la sociedad vende como difícil.
Con paso firme y miradas cómplices: dios mío ¡cuánto tráfico de personas! comenzó nuestra escalada. Niños, parejitas, ciclistas, gente con su bastón (me encantan los senderistas) enzarzados en una pelea porque "fulanito se ha ido por el camino equivocado"...
Nulo cansancio, endorfinas flotando por el aire, un sol que no quemaba sino acariciaba, el ingenio se vistió de domingo y quiso hacernos compañía todo el trayecto hasta coronar la cima. El bocata de rigor, la brisa generosa, el siestero, y una sensación que no se fue de mi persona hasta la hora de la cenicienta: felicidad.
Pasaos por allí. ¿Por qué no? Eso sí, aseguraos de no tomarlo demasiado en serio, con una mochila, agua, gorra (no llevé, ups) y ropa cómoda es más que suficiente. ¿El horario? lo pones tú, el paisaje ya está esperándote.
GRACIAS