Cuando tenía siete años sentía que tenía cincuenta. Nunca me sentí como una niña, a veces, tras hacer cualquier travesura (pocas), era más imaginativa que trasto, me reía de mi comportamiento por dentro. Pero, no debía ser una "señora" de medio siglo de existencia cuando quedaba con mis amigos en un sueño.
A lo que voy es al poder de la observación. Virtud que cuando somos pequeños la tenemos más que desarrollada. Nos fijamos en todo lo que nos rodea y cualquier situación despierta en nosotros miles de estímulos para inventar, divertirse, reír, soñar.
Aquí es cuando entra el problema de la socialización, nos meten a escuelas, luego a institutos donde aprendemos datos y más datos y dejamos de pensar por nosotros. Nos obligan a leer "clásicos" y nos impiden leer lo que nos gusta, así convierten (por poner un ejemplo) algo tan maravilloso como la lectura en una imposición odiosa.
El otro día, estaba en la playa, y decidí vaciar mi cerebro de "adulta". Me dediqué a un divertimento que practico desde hace años: inventar una vida paralela a la real de los que me rodean.
Cerca de mí hay un matrimonio (deduzco) ella tiene los pechos al aire, los tiene operados y muy separados, cada uno mira a una dirección, son curiosos y supongo que quieren saber qué ocurre en el este y oeste; tal vez, por la noche se lo cuenten, pero mientras, ahí están bien puestos, perfectos, redondos... entonces ¿por qué no los mira el susodicho que sostiene un periódico y de vez en cuando mira al horizonte? ellos parecen querer decirle: "Eooooo, estamos aquí, psssssssst más abajo, somos dos, ella se ha puesto los auriculares para hacerse la interesante, pero está deseando que le digas algo"
Me dan ganas de decirles: "Chicos, no hay nada que hacer, ella se operó por otra razón es evidente", pero me saca de ese pensamiento un chaval de unos ocho años delgadísimo como un lápiz que camina al compás del hit del verano que se acaba de inventar:"me quemo, me quemo, me quemo..." ante las risas de su ¿amigo? que le espera a unos metros.
La mirada se posa en un grupo que llama la atención. Un chico, una chica que bebe cerveza y fuma tras sus gafas negras, está muy morena, yo creo que ha untado una tostada con "nocilla" y el resto se la ha puesto sobre ella porque todos parecemos vasos de leche. A su lado tiene a una niña también. Los tres miran al infinito sin hablarse. Mis ojos buscan a la "típica familia", sí, esa que va con los niños y algo para picar a media mañana (bocata, etc) pero no la encuentro. Estos tres dan miedo...
Pero mis pupilas se dan de bruces con otra. También son tres. ¡Al menos están de pie! también tienen una hija pero es adolescente y cuando se ha quitado la ropa no descruza los brazos. Tiene poco pecho y la chica está acomplejada , seguro que imagina que toda la playa está mirándola. Sus padres están separados, lo "deduzco" porque se hablan a "dos metros de distancia".
El marido mira a la hija como si hiciera años que no la ve y está triste. La mujer, sin embargo, pelo corto, delgada y moviéndose como una gacela por la arena, no se tapa sus escasos pechos como su hija y se entrega a una conversación por el móvil. Creo que han quedado para ir a la playa por la chica... y la madre, como ya ha rehecho su vida y él la quiere todavía, no puede evitar pensar :"este es el último verano que paso con mi hija, se irá seguro a Mallorca con su nuevo padre..."
Pero, decido que ya está bien de historias melodramáticas de parejas que no se hablan. Alguien debe quedar que sí lo haga.
Qué ganas de sacar una pancarta por toda la arena ofreciendo conversación o un abrazo
Bajo la visera me detengo en un chico con rastas que ya estaba en la playa al llegar dándose paseos. Toma el sol. Se mete al agua. Se tumba. Cambia de posición.Boca arriba, ahora me pongo de lado. Ahora me quedo con la mirada fija en el agua... me resulta entretenido el muchacho. Me parece el más honesto de todos. Ahí está sin nadie. Pero a veces sonríe cuando el sol le está tostando la cara.
La pareja que está a su lado ni se mira. Tendrán unos treinta. Les separa una toalla y la indiferencia. Me dan ganas de levantarme y decirle al oído "Eh, esto... tu chica parece simpática, he visto como te ponía crema protectora... ¿por qué estás mirándole el culo a todas? el de ella es bonito ¿o no? (no soy experta en culos femeninos)"
Es una batalla perdida... pronto la playa empieza a poblarse, y otras parejas cortadas por el mismo patrón me rodean: ellos periódico en mano, ellas revista o libro y distancia, mucha distancia entre ambos... No se tocan, no se miran, no hablan... tampoco se les ve relajados...
Me bajo la visera me tapo la cara y cojo una mano que tengo cerca. Me quedo con las risas de unos niños que acaban de llegar con su papá-abuelo y una mamá de portada del "Hola". Tan rubios, tan guapos, tan graciosos. ¡Al menos los cuatro ríen juntos! se tocan, hablan, y la pequeña parece un chicle con rizos, pegado a la pierna de su papá canoso al que le saca una carcajada.