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28/03/2009

Mi paso por Sunset Boulevard (tremendo Max)

 
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25/03/2009

Carlos Iglesias y Spanci

 
Dicen que la realidad supera la ficción. Carlos Iglesias hizo un juego con ambas y le salió una joya "Un franco, 14 pesetas".
 
Ahora anda trabajando en otro proyecto, Spanci. Se trata de la recreación de esos niños que durante la guerra civil marcharon a Rusia.
 
Si Spanci contiene la misma magia, verdad y saber hacer que su anterior película podemos estar ante otra joya de nuestro cine español.
 
Es un tema recurrente el de no valorar las muchas historias que hay detrás de este país. Carlos Iglesias lo recordó en "Un franco, 14 pesetas" con la partida de compatriotas a lugares como Alemania y lo hizo con ternura, realismo en una tragicomedia costumbrista.
 
Tenemos una buena "masa" para elaborar exquisitos manjares en la gran pantalla.
 
Este actor y realizador nos lo demostró y estoy convencida que lo volverá a hacer.
 
Desde aquí le doy las gracias por su esfuerzo.
 
Spanci se está llevando a cabo con mucho esmero en las localizaciones (Suiza, Alemania, Sevilla y Bulgaria) y en su guión de lo más documentado. Tendremos oportunidad de ver de nuevo Iglesias actuando:interpretará a un comisario político que acompaña a un grupo de niños a Leningrado.
 
 
09/03/2009

Alicante, qué hermosa eres

 
Alicante no destaca por ser una ciudad bonita. Es como un plato de comida delicioso, tú te pones frente a todos los ingredientes (no te falta de nada) pero resulta que no eres Arguiñano. Lo mismo le sucede al responsable de infraestructuras de nuestra bendita ciudad.
 
Es por ello que hay que huir. Se trata de salirse un poco del "plato" y sin  necesidad de condimentos como: dinero, sofisticación, etc puedes pasar un inovlidable día tan "sólo" saboreando el paisaje de la Serra Gelada. El cielo azul y la playa que nos recibió fue un buen augurio.
 
Niños rubios, hombres y mujeres que no dominaban la lengua de Cervantes reían, parloteaban y tomaban el sol. Nosotros simplemente miramos la playa, limpia, de un azul tan brillante y transparente que parecíamos estar en una isla idílica, pero ¿acaso aquello no lo era?
 
Nos pasamos la vida buscando la felicidad y la tenemos delante todo el tiempo. Es tan sencillo lo que la sociedad vende como difícil.
 
Con paso firme y miradas cómplices: dios mío ¡cuánto tráfico de personas! comenzó nuestra escalada. Niños, parejitas, ciclistas, gente con su bastón (me encantan los senderistas) enzarzados en una pelea porque "fulanito se ha ido por el camino equivocado"...Risa
  
Nulo cansancio, endorfinas flotando por el aire, un sol que no quemaba sino acariciaba, el ingenio se vistió de domingo y quiso hacernos compañía todo el trayecto hasta coronar la cima. El bocata de rigor, la brisa generosa, el siestero, y una sensación que no se fue de mi persona hasta la hora de la cenicienta: felicidad.
 
Pasaos por allí. ¿Por qué no? Eso sí, aseguraos de no tomarlo demasiado en serio, con una mochila, agua, gorra (no llevé, ups) y ropa cómoda es más que suficiente. ¿El horario? lo pones tú, el paisaje ya está esperándote.
 
GRACIAS
04/03/2009

SLUMDOG MILLoNAIRE, apuesta segura.

                                                          
 
    No voy a desvelar nada que no se haya escuchado.
 
    Te duele
 
    Te enamora su protagonista (al menos yo caí rendida a sus pies) gran interpetación y grandes orejas
 
    Te indigna el sufrimiento
 
    Te hace sonreír la picaresca de la necesidad
 
    Te dan ganas de abrazar
 
    Te hace pensar
 
   Me quito el sombrero ante alguien capaz de retratar la crudeza de la pobreza con tantísima dignidad.
 
   Un consejo: no te sientes en las primeras filas, al director le gusta hacer bailar la cámara
 
 
AÑADIDO: Vergonzosa la noticia del regreso de los actores más pequeños a Bombay. No se puede dar un caramelo a un niño y luego decirle que jamás volverá a probarlo. Espero que el director cumpla su palabra y el chaval pueda ir a la escuela y se le otorgue una casa en condiciones.
 
 Sinceramente, ante semejante panorama, "salvar" a dos de ellos (los millones de niños y familias pobres) es ofensivo para el alma y la inteligencia humana. Resulta surrealista que el número de adopciones de bebés indios haya ascendido y que estos dos críos estén estresados, tristes casi deprimidos tras regresar a una realidad que nosotros olvidamos al salir de la sala del cine.
 
¿Me retracto de mis anteriores palabras? No. Sigue siendo una gran historia. Lo siento pero me gustan los "cuentos" donde el protagonista ha de salvar diversos obstáculos que le pone la vida para que sufra pero, también para que aprenda ¡qué voy a hacerle!
   
 
 

Maratón playero

 
El pasado domingo quedé con un amigo para pasear por la playa, o eso creía yo. Con puntualidad británica me esperaba sobre las once y media. Lucía un sol de justicia, es decir justo, justo demasiado para las fechas que estamos. Ya de camino me molestaba toda la ropa. Intercambiamos resúmenes sobre cómo nos trata la vida, algún chascarrillo y un libro. Llegamos a San Juan y su playa kilométrica.
 
Mi amigo ha hecho el camino de Santiago, eso debió darme alguna pista, lo sé. El caso es que la conversación dirigió mis pies. Me pongo la chaqueta, me la quito, comentarios sobre el día tan pre-cio-so que hace, y más charla. A nuestro alrededor gente que corre, niños patinando y alguna que otra chocando contra una palmera traviesa...
 
Las endorfinas comienzan a jugar su papel. Nos paramos, hacemos fotos y nos reímos (¿hemos dicho algo gracioso o ya teníamos la insolación?)
 
Me encanta la playa. Es el lugar perfecto para hablar, despejarse y en verano para quitarse los calores pero, como todo en la vida, en demasía es mucho. Cuando me quise dar cuenta la playa se había acabado.
 
- ¿Hemos llegado al final?, pregunta obvia
- Creo que sí, respuesta con guasa
 
Ea, pues giramos sobre nuestros talones y seguimos con la charla. Eso sí, noto que el tono es más positivo, hemos arreglado nuestros pequeños conflictos, hecho terapia playera de todo a 0'60, pero algo no termina de ir bien para mí: me gusta caminar pero, el Lorenzo se ha cebado con mi pobre cabecita y el punto de referencia (un chiringuito) se ve más lejos cada vez.
 
- Oye, ¿cuántos kilómetros tiene esta playa?
-Pues unos ocho o así...
 
Mis pies van bien, mis piernas idem, mi amigo continúa hablando y yo ya veo espejismos: el chiringuito me parece una ilusión óptica y mi acompañante está borroso, me froto los ojos y me recuerda a Forrest Gump. Me temo que quiere salirse de la playa, del pueblo... es más ¡del mapa! y cual ciclista siento que tengo una pájara y cuando por fin intuyo el coche que nos ha traído ¡¡quiero seguir yo!! van a ser casi las tres de la tarde y ninguno ha comido nada desde el desayuno, no importa mis piernas están fuertes y me piden más y más. M.A.
 
-Esteeee, me esperan para comer...
 
-Ya, ya pero yo voy a seguir un rato
 
-¿En serio?
 
-...
 
No sé qué pasó pero como si me hubieran dado tremenda bofetada: volví en mí, me toqué la cabeza cual nena aturdida y di por concluida mi aventura en solitario.
 
-Venga vámonossssss, le dije con cara de québienmelohepasado pero, esto se avisa. Para estas excursiones yo uso mochila y gorra.
 
Por cierto, cogí color... rosa eso sí, pero color.