A todos nos ha pasado. Llegar a clase y pensar que una de las pocas razones por las que merecía la pena meterse en un colegio, institituto... gris y feo era él o ella.
Te sentabas en primera fila y te dedicabas a poner cara de :"es muy interesante lo que estás contando y en un futuro seguiré tus pasos" y él o ella, satisfecho, dirigía las miradas hacia tu persona (o eso creías tú) que estabas medio atontado y con el folio en blanco porque una parálisis manual impedía sostener el bolígrafo.
Eso las chicas, pero ¿y ellos? Esperando a ver el modelito que lucía la profesora de turno. Y si te daba por sentarte al final con toda esa panda de hormonas revolucionadas oías burradas que ni en un barco de piratas en alta mar durante dos años.
A veces, pensaba: ¿son conscientes los profesores de que están siendo "admirados" por parte de su auditorio? la contestación era fácil. Las mujeres se daban más por aludidas por las miradas y los cuchicheos EVIDENTES a cualquier oído sensible.
No olvidaré jamás de lo jamases a una de ellas que lanzaba comentarios para "provocar" a las ya LOCAS hormonas de mis compañeros. Luego estaban las posturitas a la hora de bajar la pantalla que le serviría para darnos la clase. Ligeramente inclinada y con esa voz "tontita" que ponía a lo "Marilyn Monroe" pero salvando las distancias, kilómetros no, millas ¿es lo mismo? da igual, pero se escribe de otra forma. No sé quién me causaba más risa si ellos o la "señorita Pepi's".
A nosotras se nos notaba menos porque tendíamos a encapricharnos del profesor que fuera merecedor de tal "honor" por otras razones menos evidentes que un cuerpo o unas partes del mismo. Eran unos ojos, un tono de voz, la forma de desenvolverse, su sentido de humor. Esa forma de dar una clase "seduciendo" con la palabra. Si es que somos de complicadas... o de listas :-)
Recuerdo a un profesor que me discutió un articulillo que había escrito para el periódico del lugar donde comparaba el enamoramiento del principito y la presentadora de informativos, con el de la alumna y el profesor.
Era una persona con un humor muy fino, psicólogo además, nada atractivo, pero algunas chicas andaban algo tontitas con él y os aseguro que se asemejaba más físicamente a Woody Allen que a cualquier Mister "tal o cual". Me hice la "dura" y le contesté con alguna ironía a su crítica porque él defendía lo del "enamoramiento platónico". Lo cierto es que: me puso nerviosa puesto que tenía toda la razón y el artículo tenía un gran fallo con el dichoso símil.
Luego hay otra "especie" y es ese otro profesor del que no te "cuelgas" y al que "simplemente" ADMIRAS, dios, es un ser que lo sabe TODO y cuando digo todo me refiero que lo pillas por un pasillo, le preguntas la hora y él te cuenta la Teoría que expuso un tal John Mason de la Universidad de California sobre la preocupación del hombre y el tiempo y hasta que no te la cuenta no te vas porque es UN POZO DE SABIDURÍA.
Y tú quieres ser como él, leerte lo que él lee, vestirte como él, cagarte en el gobierno de turno en clase y quedarte pancho tras soltar un chascarrillo que ha convertido la clase en un improvisado pub donde a la gente le falta tan sólo tomarse una copa.
Profesores, ay... una profesión de alto riesgo ahora. ¿Seguirán los alumnos/as "colgándose" de los docentes o estarán pensando en cómo hacerles pedir la baja por depresión?
Malos tiempos para la lírica y la enseñanza...