15:24 Día de sol, cielo azul insultantemente bello, caminata bajo ese calor que te adormece.
El teléfono suena mientras paseo y se me dibuja una sonrisa. Sorteo a niños que corretean a mi alrededor, pacientes mujeres que ayudan a ancianos a caminar, canes saltarines que compiten en carreras sin ganador: todos parecemos contentos cual lagartos por el bendito Lorenzo.
Llego a casa y recibo una llamada de tierras murcianas. La base de la conversación: echarse de menos, añorar nuestra forma de entender la diversión: nuestra compañía, el buen humor y poco más.
Quedamos en vernos en las próximas semanas e irnos de excursión "con bocata y cámara". Son las mejores. De todas formas, las excursiones que no son, escalan puestos de la lista para mí. Esas que la lluvia "estropea" y te obligan a comerte un bocata dentro del coche y contemplar montañas en la lejanía en vez de subirlas.
Estos últimos meses han estado repletos de pequeñas grandes cosas: mis compañeros (proyecto de
amig@s unos cuantos) del CAP por ejemplo. Decenas de anécdotas e instantes que por pudor y respeto guardo en el blog de mi memoria. Está claro que ese tipo de conexiones entre los seres humanos o se da o no. Trabajarlas y cuidarlas es nuestra obligación después. A veces, no es necesario rodearse de cosas y sí de personas para sentir que una está viva y activa.
He visto estos días la obra de Jane Austen. El señor Darcy lo tiene claro ante su amada que no le corresponde:
-No todos tenemos el don ni la facilidad de saber relacionarnos
Ante lo que ella le reprocha:
-Señor, siempre queda el entrenamiento, cosa que usted me aconsejó con mis clases de piano
Touché.
Podría colgar un millón de fotos de esos momentos que me han enriquecido por dentro, y lo mejor han hecho esbozar sonrisas a mi corazón, pero sólo pondré una selección de bocetos que, en absoluto, logran demostrar lo grande de un pequeño-gran momento compartido tras entrenar mucho el difícil arte de la amistad y algún detalle más